El regreso del Eólica
Bernard Habis, creador de un festival diferente, conversa sobre la vuelta de la mítica cita
Página publicada originalmente el 4 de julio en de 2026 dentro del suplemento de Cultura de los periódicos ‘El Día’ y ‘La Provincia’, sección ‘Candela y Ruido’.
Un festival pensado en lo sostenible en un paraje alejado y diferente. En estos tiempos es algo que suena hasta habitual, pero en 2003 era una verdadera locura. Así nació Eólica, en un paraje como el ITER de Granadilla, y así regresa este año tras su cierre algo triste en 2011. Charlamos con su ideador, Bernard Habis, sobre este retorno.
-¿Qué te lleva a recuperar en 2026 el Eólica?
-La razón principal es que hoy podemos hacerlo de la mano de New Event. Eólica siempre ha sido un proyecto muy ambicioso, con una identidad propia y unos valores muy claros, y para afrontar esta nueva etapa necesitábamos un socio que compartiera esa visión y que aportara la capacidad de producción. A partir de ahí, también existen una razón emocional y una razón de fondo. La emocional es que Eólica nunca desapareció del todo. Durante todos estos años ha seguido muy presente, tanto en mi memoria como en la de miles de personas que vivieron aquellas ediciones. Y luego está la razón de fondo, quizá la más importante. En cierto modo, el mundo ha terminado llegando a Eólica. Cuando en 2003 planteábamos un festival ligado a la sostenibilidad y a las energías renovables, era una propuesta pionera que muchos veían con curiosidad. Hoy la situación es completamente distinta. La emergencia climática es una realidad incuestionable, el ITER se ha consolidado como un referente internacional en energías renovables.
-¿Cómo ha cambiado el mundo de la producción de los festivales en este regreso?
-Ha cambiado absolutamente todo, y para bien en muchos aspectos. La profesionalización del sector es enorme comparada con lo que había en 2003. Existen protocolos, empresas especializadas, tecnología que entonces ni soñábamos. Pero también hay cosas que se han complicado. Los cachés de los artistas se han disparado, la competencia entre festivales es feroz, y el público es mucho más exigente. Ya no basta con tener un buen cartel, tienes que ofrecer una experiencia completa. En ese sentido, volvemos con los deberes hechos.
-¿Es Eólica una apuesta porque algo tan aparentemente poco sostenible como un festival de música podía tener otra lectura?
-Totalmente. Eólica nació de esa convicción: que un festival podía ser una herramienta de concienciación y no solo de entretenimiento. Un festival consume energía, genera residuos, moviliza a miles de personas. Si haces eso sin plantearte el impacto, estás siendo irresponsable. Nosotros quisimos demostrar que se podía hacer de otra manera, que podías usar energías renovables para alimentar el escenario, que podías minimizar los residuos, que podías compensar la huella de carbono. Y cuando cerramos Eólica me di cuenta de que había un mercado enorme para ese conocimiento. Muchos festivales y eventos querían ser más sostenibles, pero no sabían por dónde empezar. Eslógica (su empresa de asesoría para eventos sostenibles) nació de ahí, de poner ese saber al servicio de otros.
-Aquellos que fuimos a algunas de las nueve ediciones originales: ¿qué nos vamos a encontrar de diferente este año?
-Vais a reconocerlo enseguida, porque ese espíritu que hacía que Eólica fuera diferente sigue intacto. El paisaje del ITER, los molinos girando, esa sensación de bailar en un lugar que parece de otro mundo… eso no ha cambiado. Y el que lo vivió lo lleva dentro. Pero sí, el festival ha madurado. La producción es más sólida, la experiencia está más cuidada en cada detalle, y el compromiso medioambiental es más profundo y visible que nunca. Y para los que no vivieron aquellas ediciones… bueno, lo siento, pero no saben lo que se perdieron. Aunque ahora tienen la oportunidad de entender por qué los que sí estuvimos hablamos de Eólica con esa luz en los ojos. Porque hay pocas cosas como bailar bajo los molinos. Hay que vivirlo.
Entrevista completa
-Eólica marcó un hito en los festivales de Canarias (y de España también). Arranca en 2003, celebras nueve ediciones, pero aquella historia se trunca justo cuando empieza la gran era de los festivales en España. ¿Qué pasó para que cerrara aquella primera etapa de Eólica, además, lejos de su hogar habitual que era el Iter del sur de Tenerife?
-Fueron varias cosas que se juntaron en el peor momento posible. La crisis económica de 2008 nos golpeó de lleno, como a tantos proyectos culturales, pero además esa última edición de 2011 tuvo que salir del ITER por una serie de circunstancias logísticas y administrativas que nos obligaron a buscar otro emplazamiento. Y eso fue casi letal para nosotros, porque Eólica sin el ITER era como quitarle el alma al festival. La combinación entre la música, la energía renovable y ese paisaje único del sur de Tenerife era lo que nos hacía diferentes. Cuando te alejas de tu seña de identidad, el público lo nota, los patrocinadores lo notan y tú mismo lo notas.
-¿Y qué te lleva a recuperar en 2026 el Eólca?, casi veinte años después de cerrar la primera etapa.
-La razón principal es que hoy podemos hacerlo de la mano de New Event. Eólica siempre ha sido un proyecto muy ambicioso, con una identidad propia y unos valores muy claros, y para afrontar esta nueva etapa necesitábamos un socio que compartiera esa visión y que aportara la capacidad de producción, la experiencia y la solvencia necesarias para llevarla al siguiente nivel. New Event representa precisamente eso. Su trayectoria, su profesionalidad y su forma de entender los eventos encajan perfectamente con el espíritu de Eólica, y han sido el elemento clave para dar el paso definitivo hacia su regreso. A partir de ahí, también existen una razón emocional y una razón de fondo. La emocional es que Eólica nunca desapareció del todo. Durante todos estos años ha seguido muy presente, tanto en mi memoria como en la de miles de personas que vivieron aquellas ediciones. Me he encontrado innumerables veces con gente que me ha dicho que fue el mejor festival al que había asistido. Cuando un proyecto deja una huella así, sabes que sigue teniendo sentido. Y luego está la razón de fondo, quizá la más importante. En cierto modo, el mundo ha terminado llegando a Eólica. Cuando en 2003 planteábamos un festival ligado a la sostenibilidad y a las energías renovables, era una propuesta pionera que muchos veían con curiosidad. Hoy la situación es completamente distinta. La emergencia climática es una realidad incuestionable, el ITER se ha consolidado como un referente internacional en energías renovables y el público demanda cada vez más compromiso y coherencia medioambiental por parte de los grandes eventos. Por eso creemos que este es el momento adecuado para recuperar Eólica. Hacerlo en octubre de 2026, en el ITER y junto a New Event, nos permite unir la esencia y los valores que dieron origen al festival con la experiencia, la capacidad organizativa y la visión necesarias para construir una edición adaptada a los desafíos y oportunidades del presente.
-En aquella época fuiste un pionero en plantear un gran festival no solo en Canarias, sino en un lugar como el Iter, que estaba alejado de todo y no pensando precisamente para hacer un festival de ese tamaño. ¿Cuáles fueron las principales dificultades que encontraste entonces?
-La logística era una pesadilla, con mucho cariño hacia quienes nos ayudaron a resolverla. El ITER no tenía infraestructura para recibir a miles de personas: no había los accesos que necesitábamos, los servicios básicos había que montarlos desde cero, y el transporte público era prácticamente inexistente para esa zona. Todo tenía que llegar desde fuera. Pero más allá de la infraestructura física, había otro problema igual de grande: en Canarias no existía ningún tejido profesional en la producción de festivales. No había empresas especializadas, no había técnicos con experiencia en eventos de ese tamaño, no había una industria sobre la que apoyarse. Todo era nuevo para todos. Estábamos construyendo algo sin manuales, sin referentes locales, casi sin red. Convencer a los artistas y a sus managers de que vinieran a tocar a un paraje del sur de Tenerife, por muy espectacular que fuera, requería además un esfuerzo enorme de persuasión. Nadie lo tenía fácil en aquella época. Pero también te diré que esas dificultades nos forjaron. Aprendimos a producir un festival prácticamente de la nada, y eso tiene un valor incalculable. El equipo que se construyó en aquellos años era extraordinario, gente que aprendía sobre la marcha y que se comprometía con el proyecto de una forma que ya no se ve tanto.
-Y ahora, ¿cómo ha cambiado el mundo de la producción de los festivales en este regreso?
-Ha cambiado absolutamente todo, y para bien en muchos aspectos. La profesionalización del sector es enorme comparada con lo que había en 2003. Existen protocolos, empresas especializadas, tecnología que entonces ni soñábamos: desde la gestión de accesos y pagos sin efectivo hasta los sistemas de iluminación LED que reducen el consumo a una fracción de lo que gastábamos antes. Pero también hay cosas que se han complicado. Los cachés de los artistas se han disparado, la competencia entre festivales es feroz, y el público es mucho más exigente y está mucho más informado. Ya no basta con tener un buen cartel, tienes que ofrecer una experiencia completa. En ese sentido, volvemos con los deberes hechos.
-Lo que es cierto es que tú, aunque cerraste Eólica, no te desvinculaste del mundo de los festivales. Intuyo que, con toda la experiencia ganada en esta cita, con ese compromiso ecológico y sostenible que tenía Eólica, te llevó a fundar Eslógica, una empresa que precisamente asesora a eventos para que sean más sostenibles. ¿Fue Eólica una apuesta porque algo tan aparentemente poco sostenible como un festival de música podía tener otra lectura?
-Totalmente. Eólica nació de esa convicción: que un festival podía ser una herramienta de concienciación y no solo de entretenimiento. Un festival consume energía, genera residuos, moviliza a miles de personas. Si haces eso sin plantearte el impacto, estás siendo irresponsable. Nosotros quisimos demostrar que se podía hacer de otra manera, que podías usar energías renovables para alimentar el escenario, que podías minimizar los residuos, que podías compensar la huella de carbono. Y cuando cerramos Eólica me di cuenta de que había un mercado enorme para ese conocimiento. Muchos festivales y eventos querían ser más sostenibles, pero no sabían por dónde empezar. Eslógica nació de ahí, de poner ese saber al servicio de otros.
-¿Qué aprendiste sobre gestión de festivales en estos años con Eslógica?
-Que la sostenibilidad real no es un departamento de comunicación, es una decisión transversal que afecta a todas las áreas del evento. He visto de todo: festivales que presumían de ecológicos y generaban toneladas de plástico de un solo uso, y festivales modestos que hacían las cosas con una coherencia admirable. Lo que más me ha enseñado Eslógica es que el cambio verdadero viene cuando el promotor o el productor lo asume como un valor propio, no como una obligación o una tendencia de marketing. También he aprendido que la sostenibilidad tiene que ser económicamente viable, porque si no lo es, no se sostiene en el tiempo. Y eso requiere planificación, alianzas con proveedores comprometidos y, a veces, educar al propio público.
-¿Y qué parte de ese aprendizaje y de los primeros nueve Eólicas trasladas a esta edición de regreso en 2026?
-Todo. Absolutamente todo. Esta edición de 2026 es en cierta forma la síntesis de lo que hemos aprendido en más de veinte años. Volvemos al ITER, que sigue siendo el lugar más coherente del mundo para hacer un festival como este, un centro de referencia en energías renovables. Aplicamos todos los protocolos de sostenibilidad que hemos desarrollado con Eslógica. Pero también traemos la humildad de quien sabe que esto es un festival, que la gente viene a pasarlo bien y a escuchar música, y que la experiencia tiene que ser memorable antes que militante. La conciencia ecológica tiene que ser parte del ambiente, no un sermón.
-No vienes solo en esta nueva aventura, la empresa New Events de Leo Mansito participa en el proyecto también: ¿qué aportan a Eólica New Events?
-Aporta algo esencial: la experiencia, la capacidad y el talento humano necesarios para convertir una gran idea en una gran realidad. Leo Mansito lleva muchos años demostrando su valía en la industria de los eventos y el entretenimiento, construyendo una trayectoria basada en el rigor, la profesionalidad y la capacidad de afrontar proyectos cada vez más ambiciosos. Pero si algo destacaría no es solo su recorrido personal, sino el equipo que ha sabido crear a su alrededor. New Event cuenta con un grupo de profesionales altamente cualificados que conocen perfectamente todos los ámbitos de la producción de eventos: desde la planificación estratégica hasta la logística, la producción técnica, la comunicación y la gestión operativa. Es un equipo con experiencia contrastada, acostumbrado a trabajar al máximo nivel y a resolver con eficacia los retos que plantea cualquier gran producción. Yo aporto la esencia de Eólica: su historia, sus valores, su identidad y el compromiso con la sostenibilidad que siempre han definido al festival. New Event aporta la estructura, la experiencia y el capital humano para proyectar esa esencia hacia el futuro. Es una alianza basada en el respeto mutuo y en la complementariedad, que surgió de una manera muy natural y que estoy convencido de que se reflejará en la calidad y la dimensión de esta nueva etapa de Eólica.
-Aquellos que fuimos a algunas de las nueve ediciones originales: ¿qué nos vamos a encontrar de diferente en este nuevo Eólica?
-Los que fuisteis a alguna de las nueve ediciones originales vais a reconocerlo enseguida, porque ese espíritu que hacía que Eólica fuera diferente a todo lo demás sigue intacto. El paisaje del ITER, los molinos girando, esa sensación de bailar en un lugar que parece de otro mundo… eso no ha cambiado. Y el que lo vivió lo lleva dentro. Pero sí, el festival ha madurado, como maduramos todos. La producción es más sólida, la experiencia está más cuidada en cada detalle, y el compromiso medioambiental es más profundo y visible que nunca. Y para los que no vivieron aquellas ediciones… bueno, lo siento, pero no saben lo que se perdieron. Aunque ahora tienen la oportunidad de entender por qué los que sí estuvimos hablamos de Eólica con esa luz en los ojos. Porque hay pocas cosas como bailar bajo los molinos. Hay que vivirlo.
-¿La aventura nace con idea de continuidad, va a haber Eólica 2027 o estás a la espera de ver cómo funciona este regreso?
-Nace con vocación de permanencia, eso te lo digo con toda la honestidad. No volvemos para hacer una edición homenaje y cerrar. Volvemos para quedarnos. Ahora bien, soy lo suficientemente pragmático como para saber que un festival se gana su continuidad cada año, y que octubre de 2026 tiene que ser una edición que justifique el 2027. Si lo hacemos bien, y tenemos todos los ingredientes para hacerlo, Eólica tiene recorrido para muchos años. Tenerife y Canarias se merecen un festival con esa identidad y esa proyección internacional.
-Aparte del cartel que está ya confirmado. ¿Tienes algún nombre más que adelantar o alguna fecha para otro avance de cartel?
-Esta misma semana hemos anunciado la incorporación de WhoMadeWho, que estarán en Eólica ofreciendo uno de sus reconocidos sets híbridos. Estamos especialmente satisfechos con esta confirmación porque hablamos de una de las formaciones más respetadas e influyentes de la escena electrónica internacional. Son artistas que llevan años marcando tendencia, presentes en los principales festivales del mundo y con una propuesta que combina electrónica, interpretación en directo y una enorme sensibilidad artística. Su presencia en Eólica es una muestra muy clara del nivel y de la dirección que queremos dar a esta nueva etapa del festival. Dicho esto, todavía nos quedan algunos nombres importantes por confirmar y estamos trabajando para cerrar esas incorporaciones cuanto antes. Si todo va según lo previsto, en las próximas semanas podremos realizar un nuevo anuncio que completará buena parte del cartel artístico y que, estoy convencido, generará mucha ilusión entre el público. Pero hay algo que me gustaría destacar porque forma parte del ADN de Eólica desde sus orígenes: Eólica nunca ha sido únicamente un festival de música. La música es una parte fundamental, por supuesto, pero no es la única. De hecho, la programación paralela tiene para nosotros el mismo peso y la misma importancia que el cartel de artistas. Todavía no hemos presentado esa programación y lo haremos muy pronto, pero puedo adelantar que volverá a ser uno de los grandes elementos diferenciales del festival. Estamos preparando decenas de actividades lúdicas, participativas, educativas y experienciales para todos los públicos, con propuestas vinculadas a la sostenibilidad, la innovación, la cultura, la ciencia, la creatividad y la participación ciudadana. Eso es precisamente lo que siempre hizo diferente a Eólica. No se trata únicamente de asistir a una serie de conciertos, sino de vivir una experiencia completa durante todo el día en un entorno único como el ITER. Quienes conocieron las primeras ediciones lo recuerdan perfectamente, y quienes nos visiten por primera vez en 2026 descubrirán que Eólica es mucho más que un cartel musical: es una forma distinta de entender un festival y de conectar la música con las ideas que están definiendo el futuro.


