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Luis de León

Luis de León dándolo todo en directo.

La música del recuerdo de la mano de Puretas Party tiene su sello en Canarias

Entrevista publicada originalmente el 13 de junio de 2026 en los periódicos 'El Día' y 'La Provincia', dentro de la sección 'Candela y ruido'.

-¿Luis de León es un DJ de…?

-Quiero pensar que soy un DJ de los que intentan leer a la gente antes que mirar la pantalla. Si tuviera que definirme, diría que soy un contador de historias sin palabras. Es cierto que mi ADN musical está muy marcado por los 80 y los 90, sobre todo desde que comenzamos esta locura llamada Puretas Party. Pero me siento muy cómodo con muchos estilos diferentes, desde una sesión remember, pasando por un sunset frente al mar, hasta diferentes estilos de música electrónica. Al final, más que poner canciones, intento crear momentos que la gente recuerde.

-¿Por qué te hiciste DJ? 

-Lo tengo clarísimo, y sé que muchos DJ de mi generación se sentirán identificados con esta respuesta. Quise ser DJ el día que escuché por primera vez el Max Mix 3, creado por Toni Peret y José María Castells. Aquello me voló la cabeza. Recuerdo imaginarme algún día pudiendo saludarlos y decirles que me había hecho DJ gracias a sus trabajos. Lo curioso es que la vida da muchas vueltas: años después acabamos trabajando juntos durante una década. Haber cumplido aquel sueño de infancia es algo que me hace especialmente feliz.

-¿De dónde viene tu nombre artístico? 

-La verdad es que cuando yo empecé, los DJ solíamos utilizar nuestros nombres reales. No existía tanto la moda de buscar un nombre artístico. Pero, en mi caso, ocurrió algo curioso. Con 17 años empecé a trabajar en la radio y, antes de ponerme delante de un micrófono, el director de la emisora me preguntó cómo me llamaba. Yo le dije mi nombre, Luis Alberto León. Se quedó pensándolo unos segundos y me dijo: “No, eso no suena radiofónico. A partir de ahora eres Luis de León”. Y así, tras ese bautizo improvisado, nació el nombre que me ha acompañado durante toda mi carrera.

-¿Si te dijeran: “pon lo que quieras y lo que te gusta” en cualquier sesión, qué pincharías? 

-Si me dejaran poner exactamente lo que me apetece, probablemente terminaría rebuscando entre vinilos y joyas olvidadas del funk y del soul de los años setenta, especialmente de ese sonido blaxploitation tan ligado a las películas de serie B de la época. Siempre me ha atraído ese sonido más callejero, menos pulido y con tanta personalidad. Es uno de esos estilos a los que siempre acabo volviendo.

-¿Una música, canción o artista que pueda ser tu placer culpable? 

-Voy a quedar fatal diciendo esto, pero tengo que reconocer que conozco más canciones de Camilo Sesto de las que probablemente debería admitir públicamente. La verdad es que, después de tantos años dedicándome a la música, he aprendido a no tener demasiados prejuicios musicales. Una buena canción es una buena canción, venga de donde venga. Pero sí, si echases un vistazo a mis listas privadas, probablemente descubrirías más canciones de Camilo Sesto de las que te imaginas.

¿Y al revés, qué artista o qué canción nunca faltan en tu sesión? 

-Reconozco que siempre he tenido debilidad por los grandes himnos del eurodance de los noventa. Temas como ‘Freed From Desire’ de Gala, ‘Pump Up The Jam’ de Technotronic o ‘The Rhythm of the Night’ de Corona forman parte de la banda sonora de toda una generación, y es raro que no aparezcan de una forma u otra en mis sesiones. Además, les tengo un cariño especial porque años después tuve la oportunidad de compartir cartel y trabajar con estos artistas y muchos otros en eventos dedicados a la música remember. Eso hace que esas canciones tengan para mí un significado todavía más especial.

-¿Una canción donde te quedarías a vivir, que empieza a sonar y no quieres que se acabe? 

-Hay muchas canciones con las que podría responder a esta pregunta, pero si tengo que elegir una, me quedo con ‘Gente della Notte’ de Jovanotti, conocida en España como La gente de la noche. La escuché sin parar cuando era muy joven y estaba descubriendo este mundo. De alguna manera, aquella canción representaba perfectamente todo lo que me fascinaba de la noche, la música y las cabinas. Cada vez que la escucho vuelvo a aquellos primeros años y a la ilusión con la que empezó esta aventura.

-¿Y al contrario, qué canción te parece tan insufrible que si pudieras la borrarías de la historia? 

-La verdad es que nunca he conectado demasiado con el reguetón y, si tengo que elegir un estilo que no suelo escuchar por placer, probablemente sería ese. Pero tampoco borraría ninguna canción de la historia. Después de tantos años en la música he aprendido que cada canción tiene su público y su momento.

-¿Cuál es la petición más absurda que te han hecho cuando pinchas? 

-Después de tantos años en una cabina he recibido peticiones de todo tipo, pero las más sorprendentes suelen ser las que no tienen absolutamente nada que ver con la fiesta que estás viviendo en ese momento. Recuerdo que no hace mucho, pinchando en una fiesta dedicada exclusivamente a los años ochenta, se me acercó alguien para pedirme la última canción de Bad Bunny. Le respondí que de Bad Bunny no tenía nada, pero que si conocía alguna canción del padre de Bad Bunny que hubiese salido en los años ochenta, a lo mejor se la podía poner. No estoy seguro de que entendiera la broma, pero a mí me hizo bastante gracia.

-¿Y quitando peticiones raras, cuál es la situación más loca que has vivido en una cabina? 

-Después de tantos años en cabina, como se suele decir, podría escribir un libro. Pero hay una historia que siempre recuerdo con una sonrisa. Estaba pinchando en un evento MUY exclusivo, en un lugar MUY exclusivo y para unos clientes MUY exclusivos. Estaba concentrado en la pista hasta que empecé a notar que algo me rozaba el tobillo. Asustado, encendí la luz para comprobar qué era. Mi sorpresa fue descubrir que justo detrás de mí había una pareja que se había colado en la cabina y se encontraba entregada a sus propios asuntos. Digamos que con bastante entusiasmo. El susto inicial fue importante, aunque las risas de después fueron todavía mayores.

-Los DJ estamos llenos de tics, ¿tienes alguna manía o algún gesto raro cuando pinchas, algo realmente extraño, o algún ritual que sigas antes de subir a la cabina? 

-Tengo varias manías, pero hay algunas que son inevitables. La primera es que cuando llego a una cabina siempre reviso que todo esté donde tiene que estar. Compruebo los faders, las ganancias, la ecualización y que todos los controles estén en la posición correcta antes de empezar. Pero si hablamos de rituales o cosas personales, hay uno que nunca falla. Tengo un colgante con unos cascos que me regaló mi hija cuando era muy pequeña y que siempre llevo conmigo cuando voy a pinchar. Lo llevo a todos los bolos y se ha convertido en una especie de amuleto. De hecho, alguna vez me he dado la vuelta de camino a una actuación porque me había olvidado de cogerlo.

-Aparece un genio y te concede un deseo como DJ: pinchar en el festival, club o espacio de todo el mundo soñado. ¿Cuál dirías? 

-Dependería un poco del día en que me hicieran la pregunta. Sería muy feliz pinchando en un sunset frente al mar, con unas vistas increíbles y acompañado por una orquesta clásica de  grandes músicos, me  parece uno de los escenarios más mágicos que puede vivir un DJ, y para mí sería un sueño poder hacerlo. Pero si ese genio fuese un genio de verdad y pudiera conceder cualquier deseo, lo tengo claro: me gustaría pinchar en Studio 54. Poder vivir aquello, aunque solo fuera durante una noche, y sentir lo que tuvo que ser aquella época irrepetible de la música y la cultura de club.

-Los DJ somos unos flipados de la música. ¿Cuál es la mayor locura que has hecho su por? 

-La mayor locura que he hecho por la música probablemente ha sido dedicarle toda mi vida. Cuando miras atrás y ves la cantidad de horas, noches sin dormir, kilómetros recorridos y sacrificios personales que has hecho por estar cerca de una cabina, te das cuenta de que eso ya es una locura bastante grande. Pero es una de esas locuras de las que nunca te arrepientes.

-Quitando la música y pinchar, ¿cuáles son tus pasiones ocultas, tus hobbies, eso que llena tu tiempo y te hace feliz? 

-La verdad es que siempre he dicho que tengo la suerte de dedicar mi vida a lo que fue mi hobby desde niño: la música, así que me cuesta separar del todo trabajo y pasión. Pero si tengo que hablar de otras cosas que me hacen feliz, la radio ocupa un lugar muy importante. También me gusta mucho la historia y la lectura, aunque últimamente me he enganchado más a los audiolibros. Paso muchas horas en el coche y más de una vez he llegado a mi destino y me he quedado unos minutos dentro para terminar de escuchar un capítulo.

-La mayoría de los DJ no podemos vivir de la música, ¿qué es lo que te da de comer? 

-La verdad es que tengo muchísima suerte. Desde siempre me he dedicado a esto de ser «pinchadiscos», aunque durante años también lo compaginé con la animación turística, un trabajo que en su momento me apasionó. Pero desde el año 2001 me he dedicado exclusivamente a la profesión de DJ. No siempre ha sido fácil, porque como cualquier trabajo tiene sus momentos buenos y momentos malos, y también muchos sacrificios personales, pero me considero un privilegiado por haber podido vivir durante tantos años de algo que me apasiona. Y, de momento, seguimos sobreviviendo.

 

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