PAPAYA DE ORO
Yanara Espinoza no pierde la canariedad en el nuevo disco de su banda
Página publicada el 14 de febrero de 2026 en los periódicos 'El Día' y 'La Provincia', dentro de la sección 'Candela y Ruido'.
Papaya era objeto ya de la extrañeza de los musiqueros. ¿Qué pasó con el proyecto de Yanara que hace tiempo que no sabemos? Yanara Espinoza, canaria de origen y filosofía, latinoamericana de descendencia, artista arrebatadora, el motor de Papaya, por fin tiene nuevo disco, Oro, y de eso viene a hablar. Primero, ¿cómo llega Papaya a su tercer elepé?: “Con la tranquilidad de no tener presiones de ningún tipo y apostar por la autoedición y autenticidad, acompañada de un gran equipo de profesionales de distintos ámbitos y corazones implicados en un mismo proyecto”. Yanara en la charla habla mucho de la observación y la mirada: “Este disco es una contemplación de personas que comparten sus vidas, a través de una oscuridad común: los miedos y la exposición carnal y espiritual frente a la vida. Al final la penas y las alegrías y el amor son los motores del movimiento de ese ser que me enamora”. Esto deriva en su proceso compositivo y en cómo le surgen las canciones: “Sucede un fenómeno extraño y bienvenido que es la inspiración, algo que no está programado y si se piensa, se corrompe, y si no se piensa es atractivo, y si no sucede, se pierde o te lo encuentras en algún bar. Las melodías te visitan cual multa llega a tu casa o amistad inesperada bienaventurada. No espero nada más que dar lo que tengo y lo que nos sale”.
Ese pararse y mirar reconoce Yanara que es de las muchas cosas que le quedan de Canarias. Hace muchos años que Papaya inició la famosa aventura madrileña, en la que sigue metida: “Canarias ha instalado en mí una de las virtudes más emocionantes de mi vida que es la observación y la contemplación de la naturaleza y las personas. Un tesoro, bastante Oro. Canarias está y estará siempre en mi modo de ser, transmitir, viajar y empapar a todo ser susceptible de ser “empapayado”, verbo que creamos Papaya, para invitar a alguien a un mundo repleto de fantasía y posibilidades”.
En Oro existe ese saborcito emapayado, pero también hay más crudeza rockera. Yanara lo explica: “Volver a la infancia sin nostalgia creo que es un ejercicio bueno y saludable. Más que una ensalada vegana, es tocar la batería sin que nada te lo impida. Me crié en el rock and roll y a la llegada de nuestro batería, Andrés Morillo, se captó ese regreso a los ritmos más orgánicos y potentes que nos hacen desprendernos de nuestra mente”.
Por delante, acaban de grabar un Los conciertos de Radio 3 y prometen muchos directos por delante y su esperada visita a Canarias. Yanara, que dice que está bucólica y pastoril, despide la entrevista con esta frase maravillosa: “Por si me muero mañana, que quede constancia de que hay muchas papayas y papayos hermosos que se dedican a enriquecer el arte desde distintas vertientes y disciplinas desde una postura admirable”.
Entrevista completa
-Van para 12 años de Papaya. ¿En qué momento se encuentra ahora mismo el proyecto Papaya?
-Me encanta que me digas eso, porque sí que han habido modificaciones circunstanciales como cualquier grupo en la historia de la música y lamentablemente, no lo hemos inventado nosotros. Papaya estamos especialmente ilusionados con este último trabajo, Oro, en el que hemos depositado tiempo, dedicación y constancia para que el público sepa que seguimos aquí “por su culpa” (y habrá vinilos).
-¿Cómo ha sido el proceso de este Oro, cómo has ido montando las canciones y preparando el disco?
-Con la tranquilidad de no tener presiones de ningún tipo y apostar por la autoedición y autenticidad, acompañada de un gran equipo de personas profesionales de distintos ámbitos y corazones implicados en un mismo proyecto. Este disco es una contemplación de personas que comparten sus vidas, a través de una oscuridad común: los miedos y la exposición carnal y espiritual frente a la vida. Al final la penas y las alegrías y el amor son los motores del movimiento de ese ser que me enamora. Sucede un fenómeno extraño y bienvenido que es la inspiración, algo que no está programado y si se piensa, se corrompe, y si no se piensa es atractivo, y si no sucede, se pierde o te lo encuentras en algún bar. Las melodías te visitan cual multa llega a tu casa o amistad inesperada bienaventurada. No espero nada más que dar lo que tengo y lo que nos sale, unas “papitas arrugas”. ¡Qué regalo tan lindo es entregar!
-Eso me lleva a preguntarte por tu proceso compositivo. ¿Tienes un método de trabajo o eres más de que la inspiración te vaya sorprendiendo?
-Escuchar y comunicarme con las personas de todo tipo en diversos contextos me hace sentir inspirada y grande. Esa grandeza se transforma en una observación desde la paciencia y la comprensión que debuta en una primera cena emulando lo más parecido a la felicidad y aportación al mundo. No quedarnos dormidos.
-En cuanto al sonido, se nota eso que se comenta en la nota: que hay más guitarreo y potencia. ¿Por qué esa evolución?
-Volver a la infancia sin nostalgia creo que es un ejercicio bueno y saludable. Más que una ensalada vegana, es tocar la batería sin que nada te lo impida. Me crié en el rock and roll y a la llegada de nuestro batería, Andrés Morillo, se captó ese regreso a los ritmos más orgánicos y potentes que nos hacen desprendernos de nuestra mente.
-Desde el punto de vista lírico, ¿cómo evoluciona Yanara? Tuviste tu primera época de llegar a Madrid y todo el disparate que supone. Me cuentan que Yanara festiva y que se apunta a todo no se ha suavizado…
-Ahora no saldría dos días ni muerta. El tiempo tampoco acompaña y muchas personas han perdido la ilusión por lo que realmente motiva. Y creo que toda emoción tiene su momento y no por ello es necesario aferrarse a la nostalgia.
-De hecho en el disco aunque se nota una evolución en las letras, no me atrevería a decir ese tópico de que es “un disco de madurez”. ¿Cómo ves eso de la “madurez”, por cierto?
-Ahora cuando hablamos de “Un disco más maduro” nos referimos a ser más conscientes de dónde venimos apreciandolo, lo que somos en el mundo musical, sin perder la esencia de la espontaneidad, la ilusión y entregarnos a la experiencia de aportar nuestro bagaje al mundo desde una perspectiva sana y visceral como es comunicarse mediante el arte.
-En la nota empieza hablando del tiempo “canario” que te has tomado para preparar el disco. Eso me lleva a pensar y preguntarte en qué queda de Canarias en la Yanara que ya lleva tanto tiempo viviendo fuera.
-Canarias ha instalado en mí una de las virtudes más emocionantes de mi vida que es la observación y la contemplación de la naturaleza y las personas. Un tesoro, bastante Oro. Cuando he sentido miedo o he soñado vidas hermosas cuando dormía y cuando no, mi manera de sentirme tranquila, fuerte y parte del todo, sobrevivir ante la adversidad mutante, era cerrar los ojos y trasladarme a todas esas mareas y vientos huracanados que me aclararon la mente cuando el mundo decía que el siroco nos vuelve locos. Canarias está y estará siempre en mi modo de ser, transmitir, viajar y empapar a todo ser susceptible de ser “empapayado”, verbo que creamos Papaya, para invitar a alguien a un mundo repleto de fantasía y posibilidades. Canarias tiene una estirpe de gente increíble y potente que hace lazos universales.
Estuve a punto de morir entre aguas canarias dos veces, el renacer es respirar y crear nuevas corrientes que nunca se olviden de sus islas, de donde venimos y lo que triunfamos fuera. Entre el misterio y la honestidad, encontré el oro que todos tenemos dentro… Creo en ello. Saquemos lo mejor de todos esos sueños que muchos conseguimos. No perdamos la ilusión, por favor, no perdamos el amor.
-¿Cómo se plantean las presentaciones del disco? ¿Qué fechas tienen ya cerradas? ¿Cómo va la suma de Mario Ronchel para el directo?
-Estamos organizando algunos bolos. Acabamos de grabar Los conciertos de Radio 3. Estrenamos algún single en Actual Festival en Logroño, pero vamos dejando que todo proceso suceda de forma natural. El público pide directos y queremos estrenar con la misma fuerza en todos los sitios. Atentos a las fechas… Sobre todo Galicia, Andalucía y por supuesto mis Canarias, que sabemos tienen muchas ganas. También nos hemos aventurado a apostar por una gira en Sudamérica. Os iremos contando. Y a Mario ya lo conocéis, somos fans mutuos y nos admiramos. Se ha sumergido en el mundo “Papaya” y ahora solo queda que lo disfruteis en directo. Hay mucho trabajo e ilusión.
Gracias a Radio 3 y muchos medios que siempre nos han apoyado de manera honesta. Gracias a todas esas personas que me han apoyado para hacerme más grande, cosa que el mundo actual no entiende. Gracias a los fans con esa paciencia memorable de un grandes amigos, parejas o vecinos de barrio con enfermedades mentales y los que se
hacen los tontos. Gente maravillosa, como dice la canción de Perales, aunque muchas veces pierda el móvil o me gobierne sola. Pienso que tanto la radio como la televisión, los grandes comunicadores, son un gran invento que nos da tantas penas como alegrías. Por si me muero mañana, que quede constancia de que hay muchas papayas y papayos hermosos que se dedican a enriquecer el arte desde distintas vertientes y disciplinas desde una postura admirable.
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RESEÑA
Papaya
Oro
De Papaya ya sabemos que tiene un mundo particular y diferente; a veces naif, a veces demoledor, con sabor y dejes de rock latino y movimiento de caderas, pero ahora en Oro, tercer elepé y séptimo trabajo de estudio, también cañero y potente. Si Papaya siempre fue un universo paralelo en la música española, en Oro esa diferencia aumenta y se ahonda. Papaya es Papaya, parece sencillita pero sus letras y sus canciones tienen recovecos y detalles llamativos en los que perderte. De nuevo la colorista producción de Sebastian Litmanovich le da ese empuje y esa curiosidad tan señeras del proyecto. Sí, es un pop directo sin complicaciones, guitarreo muy bien arreglado, pero a la vez lleva matices que nos remiten a un legado latino del que ahora estamos hablando tanto y que Yanara canaliza tan bien. Disco de amores y ambientes urbanos, letras que marcan un ligero cambio de mirada (las cosas de ganar vida y experiencias), un empaque sonoro perfecto, el regreso demuestra lo que necesita la música española de la mirada de Papaya.


